15 de septiembre de 2011

En un lugar en el que nunca he estado, felizmente más allá de cualquier experiencia, tus ojos tienen su silencio: en tu gesto más frágil están las cosas que me cercan, o aquellas que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Tu mirada más leve fácilmente puede desterrarme, pese a que he cerrado mi ser como dedos, tu me abres siempre pétalo por pétalo, como la primavera abre tocando hábil, misteriosamente su primera rosa, o si es tu voluntad cerrarme, mi vida y yo se cerrarán muy hermosamente, repentinamente,
como cuando el centro de esta flor imagina la nieve descendiendo cuidadosamente en todas partes.

Nada de lo que puedo percibir en este mundo se compara con el poder de tu intensa fragilidad: cuya textura
me fuerza con el color de sus tierras, mostrando muerte y eternidad con cada respiración...

No sé que hay en ti que se cierra y se abre, pero se que hay algo en mí que entiende que la voz de tus ojos es más profunda que todo el invierno.