Esa desilusión inevitable que se siente cuando la persona que quieres es exacto lo que no quieres. Esa sensación que se siente hasta en las rodillas de impotencia y decepción mezclada con dolor y hasta un poco de amor. Cuando la emoción se apaga y el vino se acaba. O cuando tus zapatos favoritos no están listos. Y cuando luchas por conseguir algo que no quieres sólo por conseguir lo que quieres, y lo que quieres resulta ser lo que no quieres, entonces sabes qué es lo que en verdad quieres y no quieres. Aunque al final te digas loco y te pongas a llorar de tranquilidad.
Ese sentimiento de desamor construido por amor que te revuelve la panza y las ideas, que te hierve la sangre y no es por pena, que inquieta tus hormonas y las deja seguir inquietas. El sentimiento en que el final es llegar al hasta el final, limpio, decepcionado y seguro, con los ojos vacíos y los hombros llenos de hastío.
