4 de marzo de 2011



Esa desilusión inevitable que se siente cuando la persona que quieres es exacto lo que no quieres. Esa sensación que se siente hasta en las rodillas de impotencia y decepción mezclada con dolor y hasta un poco de amor. Cuando la emoción se apaga y el vino se acaba. O cuando tus zapatos favoritos no están listos. Y cuando luchas por conseguir algo que no quieres sólo por conseguir lo que quieres, y lo que quieres resulta ser lo que no quieres, entonces sabes qué es lo que en verdad quieres y no quieres. Aunque al final te digas loco y te pongas a llorar de tranquilidad. 
Ese sentimiento de desamor construido por amor que te revuelve la panza y las ideas, que te hierve la sangre y no es por pena, que inquieta tus hormonas y las deja seguir inquietas. El sentimiento en que el final es llegar al hasta el final, limpio, decepcionado y seguro, con los ojos vacíos y los hombros llenos de hastío.