17 de marzo de 2011


“Estoy un poco harta de este revolcarse en el dolor típicamente rudo. El dolor es para superarlo, no para revolcarse en él.”

-Anaïs Nin

10 de marzo de 2011



Con este escrito cierro un ciclo especial en mi vida, cierro el amor viajero que me metió en un enredo. Dicen que el amor es el motor del mundo, puede que lo sea. 






Tal vez en otra vida, cuando seamos gatos.



Cada partícula que me envuelve en este instante, este anochecer, cada segundo de estas últimas horas me han inspirado a un arrebato de locura. Atenté contra toda buena voluntad y opté por el camino libre...

... Fuimos dos desconocidos que querían treparse a la aventura de sentirse. Nos entendimos con miradas y nos deseamos por completo... Nos creímos por un instante la auténtica figura de la pasión, de la entrega momentánea, de las ansias de poseerse. Simplemente quisimos ser lo que podíamos ser, hicimos lo que hacen los simples jóvenes, ser insensatos y libres.

No teníamos más que las ganas de recibir aquél frenesí con aires recíprocos, mutuos, correspondidos.

4 de marzo de 2011



Esa desilusión inevitable que se siente cuando la persona que quieres es exacto lo que no quieres. Esa sensación que se siente hasta en las rodillas de impotencia y decepción mezclada con dolor y hasta un poco de amor. Cuando la emoción se apaga y el vino se acaba. O cuando tus zapatos favoritos no están listos. Y cuando luchas por conseguir algo que no quieres sólo por conseguir lo que quieres, y lo que quieres resulta ser lo que no quieres, entonces sabes qué es lo que en verdad quieres y no quieres. Aunque al final te digas loco y te pongas a llorar de tranquilidad. 
Ese sentimiento de desamor construido por amor que te revuelve la panza y las ideas, que te hierve la sangre y no es por pena, que inquieta tus hormonas y las deja seguir inquietas. El sentimiento en que el final es llegar al hasta el final, limpio, decepcionado y seguro, con los ojos vacíos y los hombros llenos de hastío.
No anestesies mi alma
no doblegues mi instinto
no diluyas mi fuerza
no violentes mi espíritu.
No lo hagas “en nombre del amor”
si es amarme a tu modo
si es tu único camino
no me ames

-Lindy Giacomán

3 de marzo de 2011


Con esa atrevida presencia,
condenas mi mente y la esclavizas;
mojando en un instante bebedizo
lo más íntimo que compartimos,
al dejarme temblorosa
en orgasmo involuntario.
Me ofende el encanto
de tu voz poderosa;
que lanza conjuros
prometedores de dulzura,
bailes y música resplandecientes de tu calor.
Aun cuando no te diriges a mí,
fabrico delirios donde quieras, complaciéndote,
para que seas motivo de mi sustento.
Frívolo con otras renuevas mi enfado.
Quiero herirte al compartir tu cama
para que caído, sólo encuentres
refugio en mis besos
y vengas ardiente, dirigido a mi amor.
Insolente como eres,
no me hartará tu indiferencia.
Te rondaré como ave imitadora de cantos,
para que no olvides encarcelarme
junto al ángel de tus mil manos.

-Maya Lima

2 de marzo de 2011

Al día siguiente, el año siguiente, la vida siguiente.

Y ahí estaba yo, con la complicidad del calor que despedía la secadora mientras intentaba entre otras cosas, esperarte. Para que llegaras y con esa sonrisa tan tuya te adueñaras una y otra vez más de mi noche, que te esperaba con ansias sobre un sillón, ese mismo que hace un tiempo te dio la bienvenida a ese “nuestro hogar”. Y sin duda alguna sabía que pondrías tus cosas en el mismo lugar, tocarías la puerta con la misma fuerza y la cerrarías con esas mariposas en el estómago, dulcemente arrullando tus miedos y tu experiencia. Sabía también que cruzarías la puerta del recibidor con el entusiasmo de los tantos otros días, feliz de haber llegado, extasiado aun más por saber lo que vendría. Yo corriendo iba a besarte, abrazarte, a aguantarme las ganas de decirte cuánto te había extrañado las últimas 24 horas de ausencia. Pero mágicamente antes de que importara demasiado para decirlo estaría sobre tu piel, regálandole a la mía tus caricias, robando de tus labios mordidas hechas de miel, miradas nacidas del amor, mi amor. Tú pondrías en tu carita esa expresión de frenesí que más tarde caería sobre mi. 
Y en medio de miradas y caricias, triunfarías, sudando el amor que te hacía preso sobre la misma cama que siempre te había dejado en libertad. Suspirarías a mi lado y descansaríamos con suerte un par de horas. Escucharías el mismo peculiar sonido que tu móvil dejaba salir sin importarle mi apenas corazón vivo, tendrías que irte antes de que pudieran mis labios pronunciar el ofrecimiento de una plática más abrazada de tí. Y yo te vería tomar tus ropas al mismo tiempo en que yo acomodaba mis emociones. Sabía que en instantes un grito ahogado escurriría en mi garganta mientras tu tomabas tu playera negra que olía a trabajo, a cansancio, a desesperación y confusión. Para cuando tus zapatos estuvieran completamente amarrados yo estaría ya resignada a otra partida sin explicación implícita. Y dolida te dejaba ir, sonriéndote y diciendote: te espero de nuevo hoy, al día siguiente, el año siguiente, la vida siguiente